Yo tuve, el mejor perro del mundo

Ambar nació un 5 de abril en medio del calor de las tierras caleñas. Si alguien me pregunta, yo tuve el mejor perro del mundo. Si alguien la conoció, dirá que estoy en lo correcto. Ambar no fue tan alta como se esperaba que fuera, ni tan delgada como seguramente ella hubiera querido. Tenía un color como su nombre y la cara mas tierna del mundo. Algunas veces, si uno se fijaba bien, parecía sonreir con los ojos.

Ambar conoció muchas cosas de mi. Conoció historias de amor, historias de alegría, historias de tristezas… y siempre estuvo ahí, prestandome una de sus cuatro patas o las cuatro completas para saber que hacer con mis sentimientos (cosa que yo nunca supe hacer por mi propia cuenta).

Ambar llegó a nuestra vida por allá por el 2000. Mi papá tuvo la genial idea de hacerme caso y de regalarnos un Golden Retriever. En las revistas de perros, los Golden suelen aparecer imponentes, grandes, seguros, fuertes. Ambar no era así. Ambar era sencilla, noble, sumisa, tierna, callada y sobre todo, era buena amiga. Ambar no era muy fuerte físicamente. Desde que nació, lucho con la vida. ¿Quién se iba a imaginar que desde tan pequeña iba a empezar pelear con tanta fuerza de espíritu sus debilidades físicas?

Pasamos muchas noches calmandote la fiebre, recuerdas? pasamos también muchas noches curando tus heridas, limpiando tu piel envejecida y achacosa desde hace años. Toda mi familia fue tu familia. Todos te amamos. Alguno tuvieron menos paciencia que otros, pero entraste en el corazón de todos porque esa era tu principal fortaleza: hacerte un lugar en el corazón de los humanos.

Recuerdo cuando jugabamos a las escondidas con Fer y tu lo buscabas hasta revolcarlo. Recuerdo tu felicidad cada vez que alguien tomaba el cepillo y los talcos: era seguro que eran para ti esos artículos, así que corrías hasta la banca fuera de la casa para acomodarte en tu propio salón de belleza personal. Recuerdas cuando caminamos por las calles de mi Popayán para las cuantiosas visitas a los veterinarios? recuerdas también que ante tu negativa, ellos iban a verte? Recuerdas también correr hacia el río cerca a la casa, subirte en los juegos de los niños, resbalarte por el tobogán, tirarte a la piscina, volver a revolcar a Fer… Sí que fuiste una gran compañía. Espero haber sido una gran compañía para tí también (aunque lo dudo a veces).

Lugo me fui de casa y tu te quedaste allí. Cuando volvía en vacaciones o fines de semana, tu alegría salía a flote a pesar de tus achaques desde joven. Sí lo sabrán las rodillas de mi mamá que tanto te sirvió de enfermera y debía agacharse para curar te las paticas una y otra vez… esta enfermera principal había abandonado el puesto para irse a la capital.

Pasó el tiempo y pude volver a tenerte conmigo. Un sueño una noche me hizo saber que me necesitabas y así llegaste a estas frías tierras. Increible, naciste en Cali, viviste en Popayán y terminaste tus días en la fría sabana cundiboyacense. ¡Hasta viajaste a ver al abuelito! … hay buenas aventuras para recordar. Por eso, no estoy triste por tu partida, estoy triste porque no podré seguir compartiendo contigo más aventuras. Los achaques le ganaron a tu voluntad y la edad le fue ayudando poco a poco al deterioro de tu cansado cuerpo. Nunca había tenido que tomar yo una decisión más dificil. Me siento mal. Me siento un verdugo… y luego recuerdo la mañana de hoy cuando me despedí de tí contandote el porqué era necesario que ya descansaras… me miraste un rato y entendí que sabías lo que pasaba.

Hoy, cuando salimos a caminar al parque, miraste varias veces el horizonte. Yo entendí que estabas diciendo adiós a este plano, para pasar a uno más liviano, mas tranquilo y más feliz.

Nos volveremos a ver amiga mía, porque los buenos amigos nunca se pierden de vista y tarde o temprano, el tiempo nos hará volvernos a encontrar… te veré feliz, con energía, sana y tranquila. Te veré Ambarita, como siempre te ví: como la mejor perro del mundo, la amiga fiel, la más noble y la más buena.

Siempre estarás en mi corazón mi amiga perruna :) te acabas de ir y ya te extraño. Nuevamente, perdón.

Ambar murió un 2 de noviembre en las fría sabana de Chía, increiblemente un día lleno de sol y calor vallecaucano.

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