al que no quiere caldo…

Si bien es cierto que siempre critiqué la mentira como el peor de los actos humanos, debo aceptar que en algunos momentos de mi vida la utilicé como buena herramienta de salida. Sin embargo, todo pensé menos que ahora se iba a revertir el kharma y me tocara a mi vivir la amargura de las consecuencias de las mentiras… porque creo que eso es lo que se siente. La primera reacción es IRA, porque uno sabe que le están mintiendo, porque uno lo siente, lo ve, lo huele, está en el ambiente la sensación de mentira, de quien esconde algo que sabe que está mal hecho.  La rabia entra por los oídos ante un “no es nada”, “lo juro”, “no es cierto” y se empieza a reflejar en los ojos medio desorbitados de la piedra, las manos frías y medio temblando porque uno quiere ahorcar al mentiroso en ese instante. Y se grita, se pelea, se exige, se reclama… se agotan las fuerzas… y llega el llanto… a veces la piedra es tal que uno ni quiere llorar, pero le toca. Es una sensación realmente miserable de la condición humana. Por que si uno le miente al perro o al gato, ni cuenta se dan, y ellos no creo que mientan… o lo hacen demasiado bien y el bruto es el humano porque ni a Ambar ni a Zorbas o a Merlin, les pillé alguna mentira.

Al pasar un rato, la rabia se empieza a transformar.  Y empieza un dolor en el pecho terrible. Uno sabe que ese dolor hace referencia a las consecuencias de la mentira, porque llegan pensamientos como “cuantas veces no lo habrá hecho”, “en que más estará mintiendo”, “seguro algo está escondiendo”… confiar es, creo, lo más berraco del mundo. Nunca he podido confiar en nadie. Lo siento, es verdad. La historia me lo ha enseñado.

Después del llanto, de la ira incalmable, empieza una sensación de desasosiego, de amargura, de “dificil creerte, ala” porque el corazón de la gente, o al menos el mío, tiene memoria propia, imborrable, que se encarga de subir de vez en cuando un sentimiento de tristeza a la cabeza para ser traducido en un pensamiento de “¿por qué nada puede ser perfecto?”, “¿qué estaré pagando?”, “¿por qué se dañan las cosas que parecían especiales y únicas, si yo no he hecho nada malo?”. Porque de verdad, esta vez, me he cuidado de hacer todo bien, así que la única explicación es que esté pagando cuentas anteriores.

Nada es igual. Ya sea porque el corazón tiene nueva información y no precisamente la más feliz, ya sea porque la memoria se encarga de lanzar esos recuerdos dolorosos de vez en cuando, ya sea porque, aunque uno no quiera, las cosas siempre cambian.

Y yo que pensaba que todo era perfecto.

3 thoughts on “al que no quiere caldo…

  1. La perfección, estimada muchachita, es una utopía. Sino que lo digan las arcas del más allá que siempre vieron con satisfacción tu sonrisa de medio lado, pero al fin de cuentas, se quedó en el simple misterio. Espero que todo esté bien en tu vida, un gran abrazo para ti.

    Juan José

  2. Creo que la mentira es, al igual que los demás problemas, circunstancias que debemos aprender a sortear y, por difícil que parezca, a olvidarlas (hay que intentarlo sin importar que los vínculos se resientan gracias a que la confianza -aquella certeza que construye y sostiene- se menoscaba y, como bien anotas, tenderemos, en lo sucesivo a desconfiar de lo que afirma la otra persona)…

    Un saludo afectuoso desde la fría, y no pocas veces lluviosa, Bogotá

    PD: gracias por visitar mi blog

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