Sobre los restos de una bailarina

De la infancia de Luisa Maria se habla muy poco. Ella está sentada un día, en el piso, sobre sus piernas dobladas, con la cabeza gacha y los ojos llenos de lágrimas, recordando una escena gemela sucedida años atrás. Allí, sobre la alfombrilla, con las piernas dobladas y su cuerpo descargado hacia sus rodillas. Allí, con los ojitos llenos de lágrimas que hacían ver las manos temblorosas, manos de 7 años que sostenían sobre el regazo de un delantal infantil, los restos de una triste bailarina de ballet de porcelana.

Brazos, piernas, torso, cabeza, tutú… todo por mil partes sobre la alfombrilla y reunidos posteriormente por una tristeza de 7 años de edad, sobre un delantal infantil que tenía bordado un nombre muy largo en el bolsillito derecho. ¿Qué hace uno en esos casos? ¿Por qué no existe un botón mágico de echar marcha atrás? ¿porque aunque uno trate de reunir los pedacitos, siempre queda faltando alguna partecita? ¿por qué la bailarina ya no será nunca igual? … la bailarina y yo sabíamos que ninguna podría ser la misma otra vez. Ese darse cuenta de que lo inevitable no se puede evitar -obviamente como lo asegura la lingüística- de que por más que uno trate, jamás las cosas remendadas son apreciadas igual.

– Yo si las valoro – pienso.

– Yo también- susurró la princesa.

Aunque ambas saben que no es suficiente lo que piensen. Porque por lo general, el dueño de la porcelana no lo va a pensar así.

Los niños y los gatos se parecen. Les gusta jugar por ahí y hacen cosas sin pensar. Ambos pueden ser torpes y quebrar cosas mágicas llenas de extraño valor para la gente grande, pero ellos no piensan que estén haciendo daño, porque para ellos, para los niños y los gatos, las cosas mágicas llenas de extraño valor son inquebrantables. Esas cosas habitan en el corazón y en las sonrisas de medio lado.

– Lo lamento – dijo.

– Yo también lo lamento – dijo el gato.

Y ambos corrieron a buscar algo con qué reparar el reguero de la figurita de barro. Pero por supuesto, jamás volverá a ser igual. Así como tampoco volverá a hacer igual el verdadero Quijote dueño de la figurita.

2 thoughts on “Sobre los restos de una bailarina

  1. Hola,

    Tengo un problema con los efectos de la comunicación (hoy recuerdo con cariño a mi profesora de Hermeneútica Literaria). Hay unas diferencias en la comunicación verbal y la escrita, que me aburren, sobretodo cuando quiero transcribir todo lo que mi mente tiene dibujado. Sin embargo encontré un agravante adicional y es que los dedos a veces no son lo suficientemente rápidos para reaccionar a lo que mi cerebro dice.

    Es curioso lo que sucede con los dedos puestos sobre el teclado cuando se le quiere escribir algo a “ella”. Sobretodo si uno no está muy entrenado para mirar, pensar y hablar: ahora, solo resta escribir /es el único formato en el que se nos permite en este nuevo contexto/.

    Tu historia sobre la bailarina, me recuerda perfectamente esas ocasiones en las que uno quiere entrelazar relatos generalmente indiscretos, de un suceso, epístolas y narraciones… y volver esa colcha de retazos una historia “leíble” y amable.

    Tener ideas y por lo general sueltas, me llevan a inferir que los pedacitos de tu bailarina son esas imágenes o representaciones que de un objeto percibido quedan en la mente: yo las he tenido… y las he querido unir; pero a diferencia de lo que CREES que pasó con tu bailarina, he visto unas ideas loquísimas que a muchos no les gusta, pero que resultan excediendo expectativas.

    Parte de la teoría de la inducción, se refiere a esto.

    Unir fragmentos de la vida (sean furtivos o no /H. Abad y sus amigos sonreirán/), nos invita a entender que las cosas pueden tener arreglo, si uno quiere, pero que sobretodo, uniendo “pedacitos”, no estamos quedando en una posición comprometedora, porque seguramente esas porciones pequeñas de algunas cosas quebradas o partidas, por sí solas puede ser que tenían una intención: ¡¡¡Y vaya que a uno lo sorprenden esas cosas !!!

    ¿Estas segura que aquel Quijote está completo ahora?, ¿No será que estaba más completo fragmentado?… Cada cual ve la vida del color que quiere. Por ahora, limitémonos a anteponer nuestros ideales a nuestra conveniencia, como lo hacía El ingenioso Hidalgo.

    Feliz día: ¡Feliz Vida!.

    José David.

  2. Hola Maga,

    De acuerdo…a tu post..!! yo tambien he partido en mil pedazos una que otra figurita que para los grandes guardan un significado especial!!! mm tambien me he partido la clavicula y no fue la misma desde entonces. Bueno lo importante es no dejar de ser niños.

    Un abrazo,

    Tu amigo

    Sun Wukong

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