sobre el antiguo arte de llorar…

Desde la antigüedad el ser humano conoce con amplia sabiduría lo que es una buena chillada. Sin embargo -creo- se ha subestimado su valor moral, terapéutico, curativo y hasta mágico. Llorar es una reacción natural ante un hecho que, esperado o no, sucede en contra de nuestros deseos, voluntades, gustos y sentido de justicia. Ahora bien, la intensidad de la llorada varía según el impacto que el hecho en mención, logre sobre el individuo dueño del lagrimal afectado. Pero antes de entrar en materia criolla sobre el arte de llorar, acudamos al no menos importante rae.es (si algo aprendí en este tiempo fue a hacer sabio uso de él):

llorar.

(Del lat. plorāre). –> oiga pues! del mismísimo latín… por esos los latinos lloramos tanto.

1. intr. Derramar lágrimas. U. t. c. tr. Llorar lágrimas de piedad. —> de estas se lloran después de un madrazo, reacción de haberse dado en el dedo chiquito con la pata de la cama.

2. intr. Manar de los ojos un líquido. Me lloran los ojos. –> :'(

3. intr. Dicho de la vid al principio de la primavera: Destilar savia. U. t. c. tr. –> este no aplica para lo que nos atañe en este post. Favor omitir.

4. tr. Sentir vivamente algo. Llorar una desgracia, la muerte de un amigo, las culpas, los pecados. —> Estas!!! Estas!!! éstas son las de desgarrada de moco, estornudo, hipo, ahogo, tos y en algunas ocasiones vómito.

5. tr. Encarecer lástimas, adversidades o necesidades, especialmente cuando se hace importuna o interesadamente.—> definición demasiado compleja para decir finalmente: “sentirse en la puta inmunda”.

Pero no es solamente el sobre esfuerzo del lagrimal, no. Llorar es un arte. Llorar tiene su estilo. En algunas ocasiones está la lágrima furtiva, decente, la muy denominada “lágrima polite” esa que sale -aparentemente- sin permiso, casi siempre por un solo ojo. Es una lágrima muy del momento en el que se está recibiendo la noticia del hecho que seguramente se veía venir, pero que no se quería confirmar. A esta llorada la llamaremos “llorada hollywoodense”.

También están las lagrimas temerosas… esas que se asoman al párpado inferior y tiemblan en estado medio coloidal pero que no son capaces de abalanzarse al abismo de las mejillas… estas lágrimas por lo general no salen si no hasta que uno abre la jeta para desahogar -ya sea con un gemido, un grito, un madrazo o un aullido- la NO aceptación del hecho que está causando dolor, tristeza, piedra o malestar. Este estilo de llorada, más que parecer una llorada reprimida y hasta cobarde, la considero una llorada tierna.

Ahora viene la buena. La llorada que desgarra. Esa llorada que es la causante de que al otro día la visión de haya acortado, que los ojos estén como totopos, que se sientan las pestañas enterradas por dentro y que el ojo se vea como de mosca de la fruta: rojo. Esta llorada es la típica de tusa, de dolor de pecho, de orgullo herido, de sueños frustrados, de los repetitivos “porqué a mi Dioooos!!! dime porqué!!!” seguidos de un “hijuepuuuutaaaa, yo que estoy pagandoooo”. Son de las ocasiones en las que se mezclan sin pudor alguno la religión y la vulgaridad.

Pero no es esta humilde mortal la que desgasta neurona, tiempo y dedos en la acción de llorar. Julio Cortázar por ejemplo, clarifica extremadamente bien el tema y esgrime sendas instrucciones sobre esta acción. Mis comentarios sobre este texto: entre líneas y tachados (como mi corazón, por ejemplo).

Instrucciones para Llorar – Julio Cortázar, “Historias de Cronopios y de Famas”

Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. ML: Aquí no estoy de acuerdo con mi querido Cortázar, porque cuando uno se ve cagado y con el agua lejos, lo único que quiere es gritarle a mundo lo mal que está e incluir al grito, llanto en abundancia cual surtidor de patio. El llanto medio y ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente.

Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un plato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca.

Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia dentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. ML: no solamente los niños, las princesas, las magas y las maria lucias también lo hacen así. Duración media del llanto, tres minutos. ML: Esto depende del impacto del hecho… puede ser más, puede ser menos. Si el motivo gestor del llanto está asociado a la frase “lo que nunca ha de volver” o “todo lo que pudo ser y no fue” o la simple pero mortal: “¿y ahora que?”… puede durar hasta tres días.

También existen análisis más cercanos sobre la acción de exprimir lagrimal. En el libro “Manual de la Tusa”- no se puede caer más bajo si no hasta que se compra un libro de este tipo – Patricia Castañeda (autora y actriz colombiana) expone con amplia sabiduría sus recomendaciones sobre el curativo arte de llorar tras un buen despecho:

El arte de llorar – Patricia Castañeda, “Manual para salir de la Tusa”

Llore hasta secarse; ese es el punto. No se contenga, llorar es una virtud que ayuda a limpiar ML: ven?. Desate el nudo que tiene en la garganta y deje que fluyan las lágrimas. No tome aire ni se suene, eso podría finiquitar el llanto. Llore sola en su casa. En el carro. En el bus. En el baño. Mírese al espejo mientras llora, compadézcase de sí misma, esto le producirá más lágrimas.

Si usted es de las que les cuesta soltar el llanto, indúzcaselo; mire a un punto fijo sin parpadear, péguese un golpe en el codo o intente con gotas para los ojos, del resto se encargará el lagrimal. ML: o simplemente aplique la simple y noble frase del “¿y ahora qué?”, no hay que subestimar el poder de esas tres palabras. Llore de tristeza. De rabia. Ya que está en estas vale la pena regalarle unas lágrimas a ese abrazo que no le dieron cuando tenía cinco años y que puede llegar a ser la causa de sus traumas. “Llore gota a gota el veneno de su amor”. Trate de empezar un sábado para que se pueda tomar el día entero para llorar. ML: algunas nos toca la desgracia de entre semana… postergar una chillada no es todavía una habilidad mía. Llore y vuelva a llorar hasta que le salgan solo sonidos. Tome bastante líquido.

Muy bien. Creo que solo falta mencionar los accesorios y el ambiente para el arte de echar lágrima. Personalmente pienso que la habitación es un buen lugar. Es necesario crear el ambiente miserable: cerrar las cortinas, quedarse en pijama, negarse a bañarse, no tender la cama, acomodar y abrazar varias almohadas y ahora sí, arrancar con ganas. Es bueno tener a la mano un buen rollo de papel higiénico. Nada de kleenex. Hay que ser masoquistas, ¡que ardan las comisuras de la nariz!. Además, así no se corre el riesgo de que se acaben los pañuelitos y toque interrumpir el ritual para salir a comprar más.

Cuando uno cree que ya acabó, queda como una especie de vacío y una sensación de livianéz que no tiene comparación. Si uno no se siente así es que seguramente todavía falta. Así que es mejor poner una película típica romántica que motive la generación de más llanto. Es bueno recrear recuerdos e inventar “los que pudieron ser”, así se aumenta la desgracia, se promueve el masoquismo y se siente uno más y más miserable. Es bueno acordarse de la edad, de las frases de “la está dejando el tren”, o de que las primas ya tienen hijos y están organizadas. Ya cuando se le esté a uno pasando la mano y la gillette o el veneno para cucarachas empiece a contemplarse, es mejor detenerse. Entonces viene lo bueno. Hay que levantarse, correr las cortinas, cerrar los ojos – no importa lo mucho que estén ardiendo- y respirar… respirar… respirar.

Es ahí entonces donde sale una sonrisita de medio lado -por lo menos hablo por mi- un puchero no_me_importista como respuesta a esa preguntica idiota del “¿y ahora qué?” y una sensación de “¡¡que bueno, hasta perdí peso!!”. Ahora es sentirse tranquilo y por supuesto asumir como lema diario: Carpe diem quam minimum credula postero. O cualquier frase que uno considere que le sirva. Además es bueno pensar que siempre habrá una sonrisa por ofrecer… y una por recibir. No se sabe en donde, no se sabe cuando, no se sabe si entera o de medio lado… una sonrisa que dice: ya no más príncipes ni princesas, ya no más caballeros ni duendes ni magos ni miedos… ya son 26 años en los que es necesario poner el The End al final del cuento… crecer sin miedo, sin angustias, sin desesperos… con carcajadas, con lágrimas de buenos chistes, de buenos recuerdos y de grandes enseñanzas.

7 thoughts on “sobre el antiguo arte de llorar…

  1. Apuntes…
    Una llorada a moco tendido, de 3AM a 5AM, en mitad de una borrachera, en esas que uno se siente completamente miserable, porque se emborracho para olvidar, cuando era posible llorar…retorno al punto cero, donde no lloro yo sino el… y al encuentro de que lo unico que se olvido fue que estaba hablando por celular…
    La llorada de las Diosas Virgenes, de esas que se reconocen por sus palabras, y su mirada, donde las lagrimas son por amor y odio, por ira y alegria, aquellas que se limpian con disimulo a mitad de una pelicula o en un lugar publico, y que deben ser olvidades porque no es posible dejar luchar… las lagrimas de Minerva, de la estratega.
    Llorar es ademas de una habilidad un lujo que no todos los seres se pueden dar… hasta las lagrimas son injustas con corazones que alguna vez han querido llorar…. o algunos seres son injustos y nunca van a llorar.

  2. llorar es un buen ejercicio, siempre y cuando no sea diario; se limpia la basurita del alma y queda el espacio para la sonrisa, para la alegría.- Escoge reir en vez de llorar.- Te amo, y aquí estoy si necesitas compañía, para llorar o para reir.-

  3. Toda esta historia me recuerda a Luis Sepúlveda, y sus Desencuentros. Entre tantos desencuentros hay uno que compartimos con mucho cariño, en Julio 19 ¨Cuando no tengas un lugar donde llorar¨, y me hace pensar que llorar exige siempre una buena (muy buena) excusa para alzar el hombro y reconciliarse con la vida, pero sobretodo con el amor …

    ¨Y recuerda que siempre habrá una excusa, pero si la necesitarás, Mamá Antonia te facilitará los medios y una rodaja de limón que ayudará en tus menesteres de sentirte mejor … ¨

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