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Había dicho no a las fugas. Pero hoy rompí ese compromiso. Simplemente merezco mi suerte. Me he dado cuenta que a pesar de esforzarme por dar lo mejor, nunca logro dar lo mínimo que espera la gente y por alguna razón –  sin darme cuenta –  resulto ser un minuendo en la vida de alguien. Tal vez no sea suficiente nada de lo mío, tal vez simplemente nada, solo un malestar, solo como un dolor de estomago al que se le dice: ya, ya pasó. Así es todo lo mío, así soy yo: un dolor de estómago que ayuda un rato, que molesta, que tal vez es necesario, pero que pronto pasará. No soy más. No hay quien escuche ni quien hable… no hay quien, no hay cómo, no hay cuando… no hay nada pareciera, no hay más allá de lo que las palabras puedan soportar, no hay música pero además tampoco hay letras ni números… no hay nada. ¿Y qué queda entonces? ¿qué queda de tratar de mediar, de tratar de escuchar, de hablar, de entender? ¿que hay de mi? Amor dentro de mí hay – estoy segura, yo me he asomado y lo he visto -,  ganas también, intensión de sobra… ¿qué hará falta entonces? Tal vez es un defecto de fabrica y ya con esta cantidad de años, la garantía expiró hace rato.

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