Recorriendo las raices y buscando la arepa

Hace unos días mi jefe me puso la tarea de asistir a una auditoría (de la cual aún tengo tareas pendientes, que pena TYR) en la ciudad bonita: Bucaramanga. Nunca había estado allí, o bueno tal vez sí de alguna manera tácita, debido al hecho que mi mamá es santandereana y como buena regionalista y agradable cuentera, me ha hecho crecer con las historias de su tierra, la comida de sus abuelos, el genio característico y hasta el diccionario particular santandereano (sabían que gochas son orejas?).

Otra de las cosas que he aprendido “a lo santandereano” es a no dejarme joder, aunque en las lides del corazón pareciera que mi madre no se esforzó en racalcármelo porque francamente no aplico mucho a esa expresión. También aprendí a querer el sentido de la “familia”, que el hogar está donde el corazón esté y que antes que nadie mas en el mundo, está mi familia. Aprendí de memoría lo que sabía un chocolate de Girón, una “changua”, (bueno tal vez la changua si, pero no es que sea de mi total agrado, aunque debo aceptar que ahora sola, lejos de mi casa, hay noches que me hace falta), un desayuno bien “trancado” y una famosísima arepa santandereana hecha de maíz pelao… aprendí no a través del sentdo del gusto, aprendí a punta de oído y de ver la cara de nostalgia de mi mami cada vez que mencionaba que “eso sí que es un desayuno”.

La generosidad en la comida es herencia santandereana. A la gente no se le sirve de a tres platados de ajiaco solo por acompañar, no… es porque es la costumbre.

Así que, cuando iba en el avión para Bucaramanga sentí gran emoción. Estaba a punto de recorrer un pedacito de mis raices, de conocer parte de la tierra que mi mamá añora, de recorrer con mis ojos el cielo que mi mamá aún quiere recorrer. Estaba en esa ensoñación durante el vuelo cuando una turbulencia me hizo dar en la frente con la mesita reclinable del asiento de adelante, esa fue mi primera bienvenida. Uno está contemplando la ciudad, diga usted, a unos 500 mts o mas cuando de pronto se aparece en la ventanita del avión una piedra descomunal y tras un sacudón salvaje, uno ha aterrizado en la parte mas alta de una loma donde tuvieron a bien ubicar el aeropuerto palo negro.

Segundos despues: el infierno. Un calor absurdo que para esta patoja medio “rolisada” era como estar pagando todas las desgracias juntas. Sudaba como arroz seco.

Mas adelante solo pensaba en una cosa: comer… Aerorepública cambió de empresa matriz, pero parece que heredaron el reloj de la anterior empresa porque se siguen retrasando lo mismo, así que llegue no a las 12m como lo tenía planeado, si no a las 2pm, hora en la cual no habia comido nada, porque en el avíon solo dan una gaseosa y una servilleta (supongo que esperan que uno se coma la servilleta) y además, ya iba tarde para la cita de las 2 con el auditor y con el socio de nosotros. Llegué al hotel y efectivamente parecía que todos estuvieran berracos conmigo porque hablaban como si algo malo les hubiera hecho: a gritos… luego recordé que hasta las palabras mas dulces de mi madre tienen un ligero tono “golpeado” y supuse que todo era normal.

Con el hambre mas salvaje, de esas que uno esta que se parte en dos, pregunte si tenían arepas. Despues de averiguar con la recepcionista, con el de servicio a la habitación, con el restaurante, con la camarera y hasta con el botones, me dijeron que no, que no había la famosa arepa. Me tome una avena y salí a la reunión.

En la noche, y con la solitaria de mal genio, mi amigo TYR me acompañó a buscar algo que calmara el calambre estomacal que me acompañaba desde las 2 de la tarde. Pero mi mente y mi corazón insistía en la arepa. Así que caminamos y caminamos y caminamo…. y caminamos un poco mas, buscando la tal_arepa. (grrrr) Y no encontramos nada. Tocó comer Presto.

Me fui a dormir, pero en mi corazón retumbaban las historias y el sabor inexistente de la arepa. No fui capaz de decirle a mi madre que le había fallado gastronómicamente al comer en su tierra una hamburguesa en lugar de la tal_arepa.

Dia 2: soñé con la arepa. Me desperté congelada porque con el agobiante calor de la noche anterior, tuve a bien prender el aire acondicionado y fue tal el sueño profundo (con la arepa) que no lo apagué y al día siguiente me estaba muriendo de frío. Como consecuencia estornude durante todo el día. Me levanté, me bañé y me vestí y baje a desayunar…

La providencia estaba conmigo cuando sobre una mesa la ví. Allí estaban. Todas juntas ellas sobre una misma charolita, mirándome con carita feliz, diciendome suavemente en tono bumangués: “esto…ya cómame ola” y yo simplemente me dejé llevar por mis instintos mas primario y deposité sobre mi platito de desayuno buffet 5 arepas. CINCO AREPAS!!! Dios mío!!! 5!!!! y lo peor, es que pudieron haber sido más si no que me dió pena. Me fui a trabajar, prácticamente rodando después de haber comido tanto y llegué a la cita del segundo día

En la hora del almuerzo me llevaron a un restaurante famoso en Bucaramanga. Me senté y como si el señor mesero me conociera de toda la vida, me sirvió una “tazada” de yuca frita! (amo la yuca) casí que lo beso y hasta una lágrima de emoción se asomó de mi ojito. Devoré la yuca, no sin antes dejar para los demás comensales. Luego arepa!!! otra vez, la magnífica, la incomparable, la única, la mismísima arepa de maíz pelao. Era mía otra vez… eramos ella y yo.

Día tres: mas arepa!!. El desayuno simplemente fue sublime. Me comí otras cindo arepas y me robé dos más. Cual ladrón profesional, me escabullí entre la señora que servía el jugo, entre los comensales argentinos que habían acabado de llegar, entre el señor que repartía el huevo (pues, el huevo perico, revueltos, etc… aunque supongo que el otro también lo ha de repartir, pero eso no es tema de esta historia) y cogí con una servilleta 2 arepas mas y sali corriendo como alma que lleva el diablo a esconderme en mi cuarto.

Al medio día, me recogió un taxi para llevarme al aeropuerto… de camino compré el chocolate de girón y en el aeropuerto, Herpos, Panuchas, hormigas santandereanas para mi mamá, mi tío y mi tía (admiro a los valientes que comen esos bichos, pero como esta es una historia agradable, no pienso hablar de esa plaga culona) y nuevamente: arepa. Doy gracias a Dios de que estaba crudas proque si no había devorado arepa todo el camino.

Es una lástima que se dañen si las envío a Popayán (esta es una buena excusa para quedarme con ellas) así, que ahora disfuto de a unita todas las noches a la comida :) que haré oh! Dios cuando se terminen???

Por ahora, iré a comer.

8 thoughts on “Recorriendo las raices y buscando la arepa

  1. Muy hermoso relato, Patojita!
    Pero cuidado! De pronto te pueden tildar de arepera! Jajaja!
    Se me hizo la boca agua, leyendo tu relato! yo tambien quiero arepa santanderenana, que rico! Pero a esta hora donde la consigo?

  2. :) Gracias Alejo… me gusta que te hayas reído (estoy oyendo tu risa a lo lejos).

    Mi querido Eternauta (no será Ethernauta por lo de la conexión??) lo de arepera pues tampoco… pero si te digo que “hay arepas que lo atrapan a uno”.

  3. Que te digo!!! lo mejor que en este momento me pudo brindar mi nueva soledad caleña, fue encontrar un poco de vos en esta historia, me reí como boba (sola insisto!) me parece muy divertido, muy autentico y fue escucharte sin verte y volver a decir… esa lucia si es una dura!
    humor fino, tuyo, y demasiada brillantez!

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