De vuelta al teclado (cuando las palabras no salen por la boca)

Cada vez más me niego a las redes sociales, eran mejores cuando no eran TAN sociales. Me gustaba la exclusividad del conocimiento de buscar y encontrar algo en Internet. Así pues, con tanto smartphone y tanta “usabilidad” esto se perratió. Por otro lado considero que debo volver a escribir en algún medio que no sea el papel, porque últimamente me duele mucho el dedito corazón (y bueno, también el corazón) donde se apoya el lápiz o lapicero … últimamente me duele todo (punto).

Me duele que todo sea tan público. Tal vez es mejor que este post quede guardado aquí, en medio de este olvidado blog de antaño.

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Este cascarón…

Cuando llegamos a este mundo, tan pequeños, tan frágiles, tan desnudos y blanditos; no nos percatamos que realmente ese cascarón que guarda lo que debe ser el alma, es y será siempre, el mejor templo que debemos cuidar, adornar, limpiar y mantener intacto. Como no lo sabemos, ya sea porque nuestra cultura tan occidentalizada así nos ha cegado o porque a conciencia siempre todo lo “malo” es más “rico”, dejamos que entren y salgan químicos, alimentos procesados, palabras, pensamientos y personas…

Cuanto tiempo ha pasado. El cascarón ha cambiado y ha cambiado mucho también su interior.

El tiempo se hace mas corto, la vida mas compleja, la rutina más cruel y aguda, al igual que los dolores del alma, los nuevos y los que a pesar del tiempo, no se curan del todo.

Pareciera que los placeres naturalmente disfrutados en la infancia, adolescencia y post-adolescencia se hacen no solamente escasos si no también desabridos. Ya escribir, leer, escuchar no es igual… es como si el espectro del disfrute se hubiera cerrado en varios (hartos) grados; que es estrecho. El cansancio eterno mantiene un letargo en el proceder de la mente, del cuerpo, del corazón… y cada vez más. ¡Que carajos pasa!

Puede que haya días con pilas, y otros con menos que una llamita. Y sin embargo seguimos vivos.

Para que sufrir

Para qué sufrir si no hace falta

Para qué ser fríos si el mundo nos hace sentir en casa

Para qué dejar que todo muera

Si aquello entre tú y yo nos hizo ver tan bello todo

Nunca imaginé que me casaría sin papeles

Nunca imaginé que después de un tiempo acabaría sin paredes

La casa que vimos nacer, los peces que dijeron adiós

Las noches llenas de comer, grabando estas canciones hasta el amanecer

Para qué sufrir si no hace falta

Para qué tirar nuestras cartas y fotografías

Para qué olvidar que antes de todos nuestros besos

Fuimos como hermanos, fuimos como amigos con derechos

Nunca imagine que me casaría sin papeles

Nunca supe cómo hacer que fueras más feliz, te lo juro

Tenías que buscarte tú, tenía que salvarme yo

Teníamos que dejarlo ser e invento esta canción en el atardecer

Dueños de la noche fuimos

Dueños sin saber cómo nos perdimos

Cómo dividimos lazos sin saber por qué

Dueños de la noche fuimos, la quisimos bien

Todo se lo dimos como lo vivimos

Fuimos locos sin poder volver

Locos sin poder volver

Para qué sufrir si no hace falta

Para qué sufrir si no hace falta

Natalia Lafourcade – noche de repasada de miles de canciones de esas que crean nostalgia.

Estabilidad de-mente

Hoy es un reinicio. Algo que había estado suspendido hace bastante tiempo especialmente por ocupaciones múltiples. Cositas varias que pasan en la vida como: casarse, tener un hijo, tratar de recuperarse de la locura, tener el segundo hijo, sobrevivir (tómese literalmente), reiniciarse nuevamente para estabilizar emociones, economías, sueños, metas, amores, etc.

Así que este espacio empieza limpiecito, en el mismo sitio, no desde el mismo lugar, y absolutamente segura que no desde la misma persona.

Bienvenido, aire, viento y gente que no joda la vida.

Algunas veces por estas fechas…

Siempre quise tener una gran familia… mucha gente familiar con quien crecer y vivir. No se me dio o más bien me fue negado para quien conoce del tema. Con el paso del tiempo uno se va consumiendo hacia adentro y la vida se vuelve más ermitaña (no al revés como piensa la mayoría), lo “sociable” no vino en este paquete llamado María Lucía. Sin embargo por estas fechas, me pregunto qué hubiera sido (o más bien cómo) pertenecer a una gran pandilla rumbera para cerrar el año. Luego vuelvo y pienso y la verdad es que, la tengo. No importa la cantidad de gatos, si no la calidad de cada uno de ellos. Con mi pequeña GRAN pandilla tengo de todo!! tengo alguien cariñosa, apegadita y llena de amor en exceso; también tengo alguien huraño, silencioso y a veces raro pero que se que me quiere; ahora tengo alguien ruidoso, lleno de risa y ternura; y junto con este llegó un paquetico risueño, tierno, bello y juguetón que se deja querer… Lo tengo todo.

A ese último paquetico que ha llegado a mi vida, que hoy lo llena todo, hoy le digo: hay veces que ya no vale la pena mirar hacia atrás, porque contigo hoy todo lo tengo frente a mi.

Love you my princess Valeria, mi princesa Valiente.

Yo tuve, el mejor perro del mundo

Ambar nació un 5 de abril en medio del calor de las tierras caleñas. Si alguien me pregunta, yo tuve el mejor perro del mundo. Si alguien la conoció, dirá que estoy en lo correcto. Ambar no fue tan alta como se esperaba que fuera, ni tan delgada como seguramente ella hubiera querido. Tenía un color como su nombre y la cara mas tierna del mundo. Algunas veces, si uno se fijaba bien, parecía sonreir con los ojos.

Ambar conoció muchas cosas de mi. Conoció historias de amor, historias de alegría, historias de tristezas… y siempre estuvo ahí, prestandome una de sus cuatro patas o las cuatro completas para saber que hacer con mis sentimientos (cosa que yo nunca supe hacer por mi propia cuenta).

Ambar llegó a nuestra vida por allá por el 2000. Mi papá tuvo la genial idea de hacerme caso y de regalarnos un Golden Retriever. En las revistas de perros, los Golden suelen aparecer imponentes, grandes, seguros, fuertes. Ambar no era así. Ambar era sencilla, noble, sumisa, tierna, callada y sobre todo, era buena amiga. Ambar no era muy fuerte físicamente. Desde que nació, lucho con la vida. ¿Quién se iba a imaginar que desde tan pequeña iba a empezar pelear con tanta fuerza de espíritu sus debilidades físicas?

Pasamos muchas noches calmandote la fiebre, recuerdas? pasamos también muchas noches curando tus heridas, limpiando tu piel envejecida y achacosa desde hace años. Toda mi familia fue tu familia. Todos te amamos. Alguno tuvieron menos paciencia que otros, pero entraste en el corazón de todos porque esa era tu principal fortaleza: hacerte un lugar en el corazón de los humanos.

Recuerdo cuando jugabamos a las escondidas con Fer y tu lo buscabas hasta revolcarlo. Recuerdo tu felicidad cada vez que alguien tomaba el cepillo y los talcos: era seguro que eran para ti esos artículos, así que corrías hasta la banca fuera de la casa para acomodarte en tu propio salón de belleza personal. Recuerdas cuando caminamos por las calles de mi Popayán para las cuantiosas visitas a los veterinarios? recuerdas también que ante tu negativa, ellos iban a verte? Recuerdas también correr hacia el río cerca a la casa, subirte en los juegos de los niños, resbalarte por el tobogán, tirarte a la piscina, volver a revolcar a Fer… Sí que fuiste una gran compañía. Espero haber sido una gran compañía para tí también (aunque lo dudo a veces).

Lugo me fui de casa y tu te quedaste allí. Cuando volvía en vacaciones o fines de semana, tu alegría salía a flote a pesar de tus achaques desde joven. Sí lo sabrán las rodillas de mi mamá que tanto te sirvió de enfermera y debía agacharse para curar te las paticas una y otra vez… esta enfermera principal había abandonado el puesto para irse a la capital.

Pasó el tiempo y pude volver a tenerte conmigo. Un sueño una noche me hizo saber que me necesitabas y así llegaste a estas frías tierras. Increible, naciste en Cali, viviste en Popayán y terminaste tus días en la fría sabana cundiboyacense. ¡Hasta viajaste a ver al abuelito! … hay buenas aventuras para recordar. Por eso, no estoy triste por tu partida, estoy triste porque no podré seguir compartiendo contigo más aventuras. Los achaques le ganaron a tu voluntad y la edad le fue ayudando poco a poco al deterioro de tu cansado cuerpo. Nunca había tenido que tomar yo una decisión más dificil. Me siento mal. Me siento un verdugo… y luego recuerdo la mañana de hoy cuando me despedí de tí contandote el porqué era necesario que ya descansaras… me miraste un rato y entendí que sabías lo que pasaba.

Hoy, cuando salimos a caminar al parque, miraste varias veces el horizonte. Yo entendí que estabas diciendo adiós a este plano, para pasar a uno más liviano, mas tranquilo y más feliz.

Nos volveremos a ver amiga mía, porque los buenos amigos nunca se pierden de vista y tarde o temprano, el tiempo nos hará volvernos a encontrar… te veré feliz, con energía, sana y tranquila. Te veré Ambarita, como siempre te ví: como la mejor perro del mundo, la amiga fiel, la más noble y la más buena.

Siempre estarás en mi corazón mi amiga perruna :) te acabas de ir y ya te extraño. Nuevamente, perdón.

Ambar murió un 2 de noviembre en las fría sabana de Chía, increiblemente un día lleno de sol y calor vallecaucano.

Así me siento hoy… perdóname amor

He matado una garza!

Lo confieso, Señor.

En el cristal del aire, toda blanca

Y como transparente bajo el Sol,

Yo la vi que cruzaba

Y la maté, Señor.

En el silencio de la tarde, alta,

Muy alta, ella pasó.

Como una fina flecha se aguzaba

Sabe Dios hacia dónde… ¡Sabe Dios!

Y sin saber por qué me eché a la cara la escopeta sacrílega, Señor.

Y la carga de plomo fue a la garza,

Y la garza cayó.

Cayó como el pañuelo de una amada

Que nos dijese adiós…

Y luego, al acercarme donde estaba,

En la tierra cubierta de verdor,

Rotas, con sangre, le encontré las alas

Y una herida feroz

Sobre las plumas blancas

Era como una mueca de dolor…

¡Y yo fui quien mató a la garza!

¿Sabría ella que había sido yo?

Oh, dime, dime que no vio mi arma,

Oh, dímelo, Señor,

Que yo le lavaré las plumas blancas,

Le cerraré la herida del pulmón,

Y en el silencio de las tardes claras

Yo le pondré, Señor,

Mis pensamientos a sus muertas alas

Para que vaya a donde no llegó…

Mas dime, dime que no vio mi arma,

Oh, dímelo, Señor:

Yo te prometo que daré a la garza Mi propio corazón!

Felipe Pichardo Moya

 

PD: de verdad, perdóname por lo que no hice y por lo que hice como otros a mi.