Hoy se me ocurrió una historia de esas negras y tormentosas como las de Poe (como las que fluyen más fácil). Hoy imaginé dos sombras. Una deambulaba sobre una cuerda floja, haciendo el oficio de un trapecista que confía sus pasos y su suerte a dos nudos mal hechos en cada extremo. El trapecista caminaba lentamente. A cada paso, sus pies temblaban y lograban hacer balancear todo el cuerpo… y sin embargo el seguía caminando, confiando en su suerte, tal vez aferrado a una protección inexistente.
Bajo su suerte, una sombra lo observaba. La sombra veía lo que quería ver: un cuerpo de molde humano (como parecen ser todos los cuerpos) caminando sobre una cuerda que pendía no de dos nudos mal hechos, si no de dos postes de mala madera, astillados, viejos, desesperanzados. El lo veía todo, lo sabía todo, tenía claro que en cualquier momento aquella confiada figura podría caer y hacerse mil pedazos.
Pero no le importó. Disfrutaba del circo.
Se regocijaba con esa imagen aérea, casi mágica, ilusionista, ingenua, torpe y sin valor. Le gustaba ver como cada paso que daba aseguraba en la esencia de la sombra No. 1, una seguridad que no correspondía a la realidad, a lo que observaba el mundo desde abajo, a lo que él (o Él), en toda su sabiduría, conocía desde un principio. Realmente disfrutaba del espectáculo circense, no porque fuera esa sombra la que caminaba sobre el, no porque fuera ella. Disfrutaba porque podía moldear ese cuerpo a su antojo, hacerlo fantasmal, hacerlo suyo. Desaparecerlo con cerrar los ojos, y hacerlo aparecer tan solo con abrirlos… y al desaparecerlo y mirar con los ojos vacíos, ponerle el rostro y el recuerdo que quisiera. La sombra No. 2 tenía el poder que tienen las palabras escritas con pluma en el oído, tenía el poder de armar como quisiera la vida y la esencia de la sombra No. 1. Le gustaba ponerle a ese cuerpo suspendido ojos, boca, manos diferentes, formas que juntas trajeran un recuerdo, una mentira… - ah! que maravilla! que placer! que figura mágica suspendida sobre mi… - Podía hacerla suya sin importar su esencia real; no le importaba su latente desdicha por la inminente caída, menos le importaba la mentira de su seguridad aérea, nada le producía mas hilaridad que la miedosa y absurda valentía que proyectaba desde esas alturas… solamente importaba la dicha que protagonizaba el recuerdo fantasmal traído a la realidad sobre un cuerpo que muy pronto ya no serviría más y que hubo de existir en vano: sin quien dibujara en él, sus propios ojos, su propia boca, sus propias manos.
Y al final de la función, ¿quien habría disfrutado más? aquel que vivió el placer y la sanación de la mentira o aquel que entregó su verdad desconociendo su suerte.
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Me he descubierto bastante corta de inspiración por estos días. Mi mente y mi espíritu se han acostumbrado a escribir florido en los momentos de más ardua depresión (qué injusto!!!) en cambio se coartan a si mismos cuando varias gotas de felicidad y tranquilidad rodean el ambiente. Podría pensar entonces que estaría en la capacidad de escribir algo chistoso o algo muy alegre… incluso por estos días pensé en escribir sobre la afectación de la dignidad humana cuando debe utilizar los wc en una empresa, especialmente cuando va a acometer una función orgánica bastante rechazada como tema de conversación. Sin embargo el momento pasó de largo, se le fue la gracia, y no lo escribí finalmente. Así que solo quise pasar por aquí a contar que no tengo nada que escribir desde hace días, pero a cambio de mi mutilación narrativa, tengo la cabeza y el corazón llenos de colores vivos y bonitos, el pecho tranquilo ante la pasividad de mi corazón, el estómago colmado de papilionidaes anaranjadas que revolotean felices ante una sonrisa…
Sin embargo, es extraño como ante una palabra como “decepción” pronunciada por una boca que uno quiere, se logre dejar moribunda una papilionidae anaranjada a punto de llorar sin justa causa y peor aún, sin lograr una recuperación completa de sus habilidades aéreas.


