Buenas noches… quisiera por favor una dosis de Tranquilán gotas.
Si, de esas para gato. De esas que le daba a Merlín cada vez que lo tenía que meter un su cajita viajera para ir por avión a Popayán. Pero este es para mi… los gatos y el corazón de los humanos son parecidos ¿sabe?, por ende, mucho supongo que ha de funcionar con el mismo efecto. ¿Que por qué son parecidos me pregunta? Pues verá usted, saltan donde uno menos se los espera (si ya se que eso dicen de las liebres, pero es que los gatos también), son así medio sigilosos y muy astutos, pero también buscan afecto en otros, aunque su esencia más básica sea ser libres e independientes. Ah! ¿que su corazón no funciona así? vea pues, el mío si. Bueno… es que mi corazón es fuera de lo común (para mal y para bien), es un corazón distinto.
Pero ibamos en que yo ando buscando una dosis de tranquilán. Sí, de esos para gatos… ya le dije. Es que hoy tengo el corazón latiendo muy rápido, se me quiere salir… quiere como saltar donde uno menos se lo espera (o será, donde a uno menos le conviene?? o donde no lo esperan?? o donde… tal vez, no sea bien recibido). Lo que sí es muy cierto es que quiere saltar. Mi corazón también necesita afecto, ¿sabía?… ¿no?… pues eso le cuento, así le parezca casi imposible. Mi corazón también necesita afecto y quisera recostarse, sobarse y ronronear cerca de otro corazón… pero no se puede. No hay ninguno por ahí que se deje ni se anime… ni le interese… ni le convenga… ni me convenga….ni.
El tranquilán podría funcionar -pienso-. Aunque mucho me preocupa el tema de los “efectos secundarios”, porque si son los mismos que le daban a Merlín, terminaré durmiendo por varias, varias, muchas horas. Y cuando llegue al “destino final” (que en este caso no existe, o no lo se, o no lo quiero saber) mis ojos estarán -mas o menos- desgarrados hasta la clavícula como si hubiera llorado 3 meses y 8 días (por que todos sabemos que ese es el tiempo en el que de tanto llorar, los ojos se desgarran, mas o menos, a nivel de la clavícula. No me pregunte que pasaría un día después. mmmm bueno, está bien, pregunte… un día más y se caen completamente).
Así pues… le decía que requiero URGENTEMENTE de una dosis de tranquilán, otra de no_piense (esa viene en crema, para untar despacito, en círculos, durante 5 minutos), de un poquito de buscapina para el dolorcito de estómago y unas cuantas gotas de no_me_olvides. Estas últimas son fáciles de adquirir, se consiguen en maticas y en gotas. Aunque tal como lo está pensando, son de más fácil consecución las maticas. No. No me sirven goticas de pensamientos… si ya se que también son maticas, pero es que esas no me sirven, ¿no ve que le dije que requería era de no_piense?… la cremita que le comenté.
Le decía que requiero entonces Tranquilán gotas, y las otras que le acabé de mencionar. No tiene? mmmm es una lástima… le tocará entonces asumir a mi corazón las consecuencias.
No me aflige que mi cuota de mundo
Tenga poco de terrenal en ella;
Ni que años de amor, en un segundo
De rencor, se esfumen sin dejar huella.
No lamento que los desvalidos
Sean, querido, más dichosos que yo,
Pero sí que sufras por mi destino,
Siendo pasajero como soy.
- Edgar Alan Poe.
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Me encantan los cuentos. Me gusta escucharlos, contarlos, escribirlos, soñarlos. Me gusta la gente que cuenta cuentos… me gusta la gente que los sabe escuchar. Hay cuentos con los que uno puede llorar y sentir dolor en cada poro… hay otros con los que se puede sentir deseo, pasión… llegar a un punto de excitación que el cuento termina haciendole el amor a uno. Hay cuentos dolorosos, tenebrosos, cuentos de los que todos queremos salir corriendo… pero el problema es que todo cuento tiene inicio, nudo y desenlace, así que los mas sabios aconsejan siempre quedarse hasta el final. ¡Por que uno nunca sabe que puede pasar!
Nadie le va a asegurar a uno que no se va a sufrir al final… pero si el cuento es bueno, vale la pena arriesgarse. Y si el final del cuento es muy doloroso, uno debe entonces sacar un pañuelito, encerrarse con varias canciones de Silvio, unas cuantas de Fito, 2 o 3 de Louis Armstrong y sentarse a llorar hasta que la historia contada salga completa con el llanto.
Es que uno de los cuentos puede esperarse cualquier cosa. Los cuentos que cautivan son esos que te hacen quedar hasta el final de la historia. No importa si el final es triste, gris, feliz o doloroso… siempre terminará siendo un buen cuento para contar. ¿Qué es esta vida si no un cuento largo? Un cuento que nos gusta contar por partes… esperando que los críticos literarios lancen pistas para saber si va uno bien o mal. A mi no me importan los críticos, lo que me importa es escribir… escribir para mi, escribir con el alma… para el que me quiera leer, para el que me quiera ver y sentir.
Los cuentos son, mi querida maga, un descanso para el corazón y una sonrisa para tus neuronas. Sonrisas de esas del gato de Alicia, sonrisas de esas de luna menguante, sonrisas de esas que nos gustan a las dos.
¡¡Propongo una tregua!! - gritó de repente el corazón de la maga - una tregua en la que usted muestra su corazón y yo el mío… tal vez tan solo por unas cuantas horas, horas de un día viernes cualquiera, de un fin de semana por tierra… por cualquier tierra.
La maga se traía algún hechizo “hechizo” entre manos. Se proponía escudriñar el corazón del mundo, sentír la magia a la que se estaba negando. - 5 minutos sin pensar - pensó - ¿¿que más da unas cuantas horas más?? Puede pasar cualquier cosa, locuras macabras, insensateces humanas, palabras mágicas, miradas hasta el corazón… puede pasar cualquier cosa, claro. Puede pasar que al corazón le quede gustando, que se queden gustando, que se sigan degustando… o que se terminen disgustando. Pueden pasar y quedar sonrisas de esas que nos gustan tanto…
¡¡No importa, vale todo!! y también, ¡¡no vale nada!! que más se tiene que perder cuando el alma lo ha perdido todo, inclusive la desfachatez… no valen advertencias, no valen tiempos cronometrados de espera, no valen palabras ajenas. Solo se vale sentir, ver, soñar… querer.
¿Será que se anima lo que queda de la princesa? A veces quisiera matarla. Señalarla por se tan ridícula, por soñar tanto, por ser tan mimada. Quisiera pegarle y decirle que no debió existir, decirle que los príncipes no existen, ni los duendes, ni los caballeros… que todo ese mundo es una farsa… que se contente con lo que aparece *puff* y vuelve a desaparecer. Con instantes… porque eso es ella en este mundo, en el corazón de la maga y en el resto de los corazones que pasan: un instante.
Y así mismo serás tu (parece ser)… porque las palabras de “momento”, palabras que se sienten y se van, esas palabras son típicas para las princesas desorientadas… las que les gusta “comer” cuento, las que siguen queriendo soñar. No pienso entregar mi corazón nunca más… estuvo a la interperie por unos segundos, pero se ha vuelto a revestir de armadura para afrontar las cosas raras de los bosques encantados, de los seres fantásticos que aparecen y desaparecen. Como DEBE ser, como siempre es.
Solo para recordar… http://www.literaberinto.com/cortazar/rayuela4.htm
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Hoy es un día azul, azul con verde…. del azul del cielo que se asoma por mi balcón, del verde de las cabezas de los árboles que se mueven saludando con ayuda de la brisa. Esta mañana desperté sonriendo… las preocupaciones siempre las ahuyenta el sol. Desperté y corrí a buscar el libro de Jostein Gaarder que me acompaña por estos días, la literatura de los último días me ha devuelto la capacidad de sentir, de soñar, de leer con los ojos entrecerrados… en ese espacio entre la imaginación y el hilo conductor del libro. “Las cosas marchan como debieran”.
Así que me dediqué a retomar mi lectura. Encontré una parte muy particular que me gustó mucho:
[...] Me puso una mano sobre la cabeza y continuó:
- Pero en realidad no es el tiempo el que pasa, hijo mío.
- ¿No?
- Somos nosotros los que pasamos. Sin los seres humanos, el tiempo no hubiera tenido agujas.
- ¿Y qué hace entonces el tiempo?
- El tiempo cura todas las heridas. Y también crea otras nuevas.
- Entonces el tiempo es bueno y malo a la vez.
- Si, las dos cosas.
[...]
Tomado de El Castillo de las Ranas de Jostein Gaarder.
Cuando terminé de leer miré el reloj. Después levanté los ojos y miré el cielo azul… el cielo azul tampoco pasa -pensé-, solo pasan las enormes manchas de contaminación en la ciudad y a veces se quedan como levitando, haciendo creer que están por siempre… pero algún día ellas también pasarán.
Todo en el corazón del hombre pasa - pensé-, no hay nada que el paso de otros seres humanos no cure.


