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Por estos días la inspiración ha estado corta en muchos aspectos. Deberían vender gotas mágicas para aumentar la inspiración, aceites para ampliar la imaginación, cremas para soñar, y jarabes para la pereza mental y emocional. No tengo nada de qué quejarme en mi vida porque gracias a la Providencia todo ha salido bien; sin embargo, eventos sucesivos de pequeños maltratos sicológicos y emocionales hacen mella en mi personalidad. Se que no soy la persona de decisiones más estables y radicales… antes solía jactarme de ello… pero ahora soy bastante más laxa, lo cual no me parece una evolución (o no lo se). La edad, al igual que el agua, lo ablanda a uno. Al volverme más relajada en mis decisiones, he perdido la capacidad de reacción ante oportunidades o ante eventos drásticos (convenientes o no)… es es bastante perjudicial. Ahora alego menos, si algo me molesta prefiero tragármelo y encerrarme en mi caparazón antes de salir con ballesta en mano, a embestir al enemigo. Esa constumbre la aprendí de la cotidianidad que tengo sentada al lado. Pero lo más preocupante de todo es que ahora me siento perdida. Siento que tenía muchos planes por hacer y estaban todos ordenaditos en filita india esperando con turno ser atendidos. Ellos esperaban pacientemente y sabían que la que mandaba era yo y que yo tenía muy bien definido el orden de su realización. Ahora es diferente. Al parecer mis sueños y planes están en huelga. Se han desorganizado y alborotado de tal manera que escucho la manifestación constante en mi cabeza con las pancartas que gritan “farsante”, “embustera”, “loca”, “perezosa”, “mediocre” y uno que otro plan poeta que dice “libertad a los sueños de esta cabeza”. Que será de tomar? He aprendido como planear un proyecto, ejecutarlo, seguirlo, controlarlo, medirlo y llevarlo al éxito… pero trabajo para otros porque para mis propios proyectos solo hay desorden y caos.
Quiero retomar el rumbo que llevaba. O al menos encontrar uno nuevo que me lleve a la realización que tanto busco. A ver si puedo calmar este sindicato que no me deja dormir. A ver si por fin les doy las condiciones que piden o al menos, la mejor indemnización posible.
Esta tesis se ha acabadooooooooo!!!! Si una muestra de felicidad y agradecimiento con la vida por haberme dado la felicidad de terminar con éxito este calvario proyecto fuera subir de rodillas a Monserrate, lo primero que echo en el carrito del próximo mercado son unas buenas rodilleras porque me voy hasta las Las Lajas. Después de cuatro meses (o más) en los que aspiré, respiré y transpiré solo tesis, por fin he visto la luz a través de la puerta de la sala de deliberación de los jurados… esa luz divina (del videobeam) la cual atravesé de la mano de mi amigo Mauricio y bajo la cual nos acomodamos temerosos y con cara de “si me dicen que no pasé me mato”, esperando la noticia resultante de la sustentación. La sensación creo que es parecida a la que debe sentir un paracaidísta en los segundos antes de abrir su paracaídas y con pocos metros sobre el suelo -¿será que este churumbelito que activa el paracaídas funciona bien?? si lo habrán armado bien, ole??-. También seguramente se parecerá a la sensación que tienen las últimas dos candidatas de un reinado… ahí paraditas las dos, temblorosas, manteniendo una sonrisita medio estúpida, sudando en secreto y con unas inmensas ganas de orinar debido al susto… al menos así se veía Mauricio, supongo que yo también.
- Queremos expresarles que… - (ay Dios ay Dios!!! :S mínimo cambiele de la pagina 2 a la 19 de su resumen…) - su asesor es el encargado de darles este tipo de noticias… - (JESUCRISTO!!! nos van a exiliar o algo así… nos van a romper el trabajo en la cara o peor aún, nos encerrarán en alguna sala con Wilson, noooooooo) - lo han hecho muy bien felicitaciones!!.
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Mi reacción mecánica fue un estado de shock severo mientras mi compañero de al lado, al igual que la reina ganadora del concurso, me abrazó emocionado y no paramos de dar gracias a diestra y siniestra. Tanto así que me lancé a los brazos del señor coordinador del programa y le chanté un beso salvaje en esa barba freudiana. Será un verdadero gran recuerdo.
A mis compañeros de parto, mil gracias por todo el apoyo, por los consejos, por las risas. Es un “por fin” plenamente satisfactorio, un “final final no va más” lleno de gloria y felicidad. Y tengan la plena seguridad, que esta historia nos unirá durante muchos años más. No solamente se hicieron compañeros… se hicieron mis amigos.
Hace casi 20 años quise jugar a las escondidas una noche en mi casa. El televisor del hall de televisión del segundo piso estaba encendido y mi abuelito dormitaba frente a el en una mesedora “perezosa” de tela verde y armazón de madera color blanco. Esa casa era muy grande y el segundo piso tenía un balcón que daba hacia el interior de la casa dejando ver un patio interior y parte de la sala del primer piso. Si te agachabas lo suficiente, podías ver parte de la puerta de entrada que daba hacia la calle. Hace casi 20 años quise jugar a las escondidas, y esa noche en mi casa esperé en pijama sentada al lado de la perezosa verde con blanco en la cual dormitaba la televisión y mi abuelito, a que mi papá se asomara a jugar conmigo.
No recuerdo todo muy bien, solo se que le pedí jugar solo un poquito. El primer piso estaba oscuro y pues la oscuridad y yo nunca nos hemos entendido, así que allá no se valía jugar. Creo que mi papá aceptó jugar porque yo empecé a contar… sin embargo, en algún número entre mis ojos cerrados, escuché la puerta de la entrada. Paré la cuenta y busqué con la mirada rapidamente tratando de ubicar a mi compañero de juegos… pero sabía que no estaba en el segundo piso. Así que en fracción de segundos y con la angustia de un corazón de 6 años, me agaché lo suficiente para mirar a través del balcón la puerta de la entrada… solo tengo una imagen en azul oscuro y blanco “luz alumbrado público”, de uno pies saliendo de mi casa. Unos pies sordos ante mis llamados de “no te vayas”.
Segundos después la puerta se cerró… y por varios años, mi corazón también.
Hace 20 años quise jugar a las escondidas una noche en mi casa… tal vez no parezca importante, pero agradezco los brazos delicados que me abrazaron esa noche y esas manos delgadas que sobaron mi cabeza y mi alma desconcertada. Esos brazos que me han dado abrazos por dos cuando, al igual que esa noche, más los he necesitado.


